miércoles, 21 de marzo de 2012

Historia de Orgarth: Capítulo 2



Como siempre, se encontraba en la habitación adyacente al centro de mando de la nave La purga de almas. Era la antigua sala del navegante. Se encontraba sentado en el suelo y sobre un intrínseco dibujo que ocupaba todo el suelo de la habitación y gran parte de las paredes y el techo. Se esforzaba por visionar en su mente el objetivo que vio en una de sus inmersiones en la disformidad, una pequeña luna rojiza que orbita sobre un planeta naranja.

Zyndor estaba en el centro de la habitación con tres miembros de su escuadrón de corruptores rodeándol. Uno es Ématos, un antiguo sargento de Olympia que participó en el asalto a Terra hace ya más de diez mil años y que ahora era un ser hecho de carne y ceramita fundidas a partes iguales, con una cabeza que sólo contiene una enorme boca con 3 filas de dientes amarillentos y afilados. Otro es Iunar, un antiguo devastador de la legión, cuyo cuerpo corrupto poseía 2 cabezas: la suya propia y la del demonio que lo poseió en un impío ritual hecho por el propio Zyndor y cuyos brazos estaban formados por un tentáculo y parte de la hoja de un antiguo modelo de espada-sierra. Y por último estaba Maelnar, el que antaño fue uno de los mejores armeros de la compañía y cuyas manos habían mejorado muchas armas en los largos asedios de ésta y que ahora eran unas enormes pinzas fusionadas a lo que antaño fue la servoarmadura que él mismo había mejorado durante el viaje de escape de Terra. Una obra maestra en opinión de Zyndor.

Dada su naturaleza demoníaca, Zyndor a veces los usaba como catalizadores de sus poderes psíquicos, logrando gestas que raramente podría realizar sin pagar un alto precio como su propia alma. Esta era una de las ventajas de tener un demonio atado dentro de un cuerpo vivo pero la desventaja era que a la larga el precio debe de pagarse y el hechicero siempre tenía que buscar algún agujero en las reglas del juego de ganar poder, para poder continuar vivo.

Siguió concentrándose en la meta, mientras nave de combate de su señor navegaba por la disformidad.

Un débil pensamiento cruzó su subconsciente y Zyndor intentó ignorarlo y seguir con su labor, pero cuanto más intentaba ignorarlo más peso ganaba en su mente.

- ¿No quieres saber que hay en ese planeta y que haga que Orgarth no quiera compartirlo contigo? - oyó en su subconsciente de manera casi imperceptible.- ¿Estás seguro de lo que haces, o no vistes como el martillo hidráulico del nuevo cuerpo de tu señor se movió un poco en un efímero momento cuando le dijistes que habías encontrado la dichosa luna? - volvió a oir.

Una mueca de disgusto apareció en la cara del hechicero. Sabía muy bien que esa voz era de algún depredador de la disformidad que intentaba desconcentrarlo para tratar de devorar su alma, pero por suerte para el hechicero la suma de las protecciones que él mismo había grabado en la sala con la sangre de dos marines miembros de los Templarios Negros y sus 3 acompañantes eran barrera suficiente para evitar eso. Pero debería seguir concentrado e ignorar estas y más molestias que uno ve y oye mientras navega mentalmente por el mar de las almas.

Aún y así, pensó en lo frustrante que fue intentar saber que movía a Orgarth a ir allí pero no descubrir absolutamente nada. A veces los sirvientes de los poderes ruinosos no sabían nada o simplemente les divertía ver como el hechicero no obtenía las respuestas que buscaba. Esto hizo que más de una vez el hechicero descargara su rabia sobre algún que otro ser que antaño fue humano de los miles que trabajaban afanosamente en la nave, aunque este tipo de acciones no conseguían apaciguarlo por mucho tiempo.

Tres días más tarde, La purga de almas salió de la disformidad. Zyndor había visto que unos sistemas más adelante había una tormenta disforme y sugirió dar un rodeo o bien salir al espacio real e ir a velocidad de crucero. A Orgarth la noticia lo había disgustado enormemente pero sabía muy bien que navegar en la disformidad cuando esta está enfurecida era peligroso incluso para sus seguidores más cercanos. Y Orgarth no era en absoluto un seguidor de los dioses así que no quiso jugársela a los caprichos de una disformidad enfurecida.

Las alarmas de la nave empezaron a sonar de repente por todas partes y se cambió las luces de toda la nave al modo de combate.

Orgarth abrió mentalmente un canal con el puente de mando de la nave y el sarcófago donde estaba metido hizo la conexión de forma automática.

- Por Perturabo, situación?

Una voz sonó en la mente de Orgarth, una transmisión directa a su cortex cerebral y que literalmente era como si la estuviese oyendo directamente. La voz era de Nueker, el enviado del Adeptus obscurum que había dirijido todo el diseño y planificación del nuevo cuerpo de Orgarth, una voz que le disgustaba enormemente pues carecía de toda vida, como la suya ahora.

- Mi señor, estamos siendo atacados por una nave no identificada de diseño xenos. Vienen de camino dos misiles que impactarán en 2,0459 minutos. Acciones a tomar?

No salía de su asombro, alguien los estaba atacando justo después de salir de la disformidad! Estaba claro que Zyndor debería haber predicho algo así. Si sobrevivieran al ataque, Orgarth pediría explicaciones al hechicero.

- ¿Eres idiota o qué? Maniobra de evasión y asalto! Quiero que esos xenos tiñan mi martillo y mi pinza con sus restos! Planea un abordaje a su nave!

- Como ordene.

La transmisión se cortó con un chasquido. Y así empezó la batalla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario